Publicado: 29th Octubre, 2009
Dentro del amplio rango en el que se pueden encuadrar los lugares abandonados, sin duda los hospitales y psiquiátricos
poseen el primer puesto por lo espeluznante y macabro de los escenarios en los que se transmutan con el paso de los años. Estados Unidos es una fuente inagotable de estos “Hospitales de lunáticos”, como se solían llamar antaño. Edificios de tamaños descomunales en los que uno podría perderse en sus marañas de pasillos sin fin, en sus decenas de salas idénticas, en sus escaleras que suben hasta alturas más que considerables y que, en ocasiones, bajan hasta sótanos todavía más profundos.
El hospital hoy es una clara muestra de ellos, un gigante por el que durante más de un siglo han pasado cientos de miles
de pacientes y al que la modernidad y la funcionalidad de los nuevos centros médicos acabaron por cerrar sus puertas. En este lugar no hay leyendas, ni fantasmas, ni gritos en la noche. El abandono es tal que ni los espíritus han querido quedarse por allí.
Quizás ese silencio, o mejor dicho, esa ausencia de sonidos, más allá del crujir de oxidadas bisagras y del aleteo esporádico de alguna paloma que ha hecho de este lugar su hogar, es lo que otorga a este edificio un aspecto tan lúgubre y macabro.